Thursday, October 27, 2011

¿Demasiadas reservas?

Ayer, vi el último capítulo emitido de la serie 'Being Erica'; para aquellos que no la conozcan.. va sobre una chica en la treintena que en el peor momento de su vida (por así decirlo) conoce a un terapeuta que se ofrece a ayudarla de una forma muy especial. Para poder hacerlo le hace escribir una lista de arrepentimientos sobre su pasado a los que viajará y 'retocará' para poder cambiarlos y con ello aprender una nueva lección.

Sin embargo, el capítulo de ayer se centraba principalmente en su terapeuta, la vida de un hombre dedicada enteramente a su trabajo, dejando así a un lado el terreno personal. No me voy a extender contando el capítulo entero, puesto que no es de lo que realmente quiero hablar, sino de dos hechos significativos que suceden en él y en los que a veces no reparamos.

El primero de ellos es que la realidad siempre es relativa dependiendo de los ojos con los que se vea; a todos nos ha pasado que nuestra visión sobre algo haya cambiado por haber visto la realidad tal como era y no como nosotros la pintábamos. No existen las opiniones exactas, ni las verdades absolutas cuando se trata de perspectivas.

El segundo hecho trata sobre las personas reservadas. He de decir que a mí siempre me ha costado entender a la gente excesivamente reservada con su vida, siempre he sido de las que creía que tiene algo que esconder y que no quiere compartir con los demás. Puedo entender los casos de aquellas personas que se refugian exclusivamente en sus amistades más cercanas o incluso única y exclusivamente en su pareja, pero ser tan celoso de la vida privada... no lo sé. Me cuesta creerlo sin vivirlo.

El caso es que este terapeuta tan reservado pierde a un gran amor en su vida al no dejarle ver ciertos aspectos de su personalidad. Toparse con un muro puede causar impotencia, sentimiento de culpa, soledad... y así sucede, que si alguien no es capaz de dejarse conocer por otro, llega un momento que ni sabes por qué luchas o por qué te esfuerzas tanto si al final te sientes tan solo.

No me gustaría despertarme una mañana y sentir que toda mi vida ha pasado por delante y que no he sido capaz de dejarme conocer por nadie ni permitir disfrutar con mis allegados de las alegrías o de las penas en mi vida privada. No me gustaría tener esa sensación de soledad infinita que me sobrecogiese y sentir que mi solitaria vida me ha dejado indiferente.

Quizá con los años mi carácter y mi personalidad se agrien cada vez más y me vuelva más solitaria, así que de momento me niego a dejar de compartir mi vida con los demás.